| Ya en la Prehistoria,
los primeros habitantes del planeta, quemaban madera y hojas para halagar a los
Dioses con tan agradables aromas. Hace
5000 años, en la China y la India
desarrollaron técnicas para la prevención y curación con plantas aromáticas e
incluyeron su uso cotidiano para cuidados de la salud y la belleza, así como para
obtener bienestar y serenidad. Los
Egipcios dieron una atención sin
paralelo a los aceites esenciales, utilizándolos en su vida diaria para efectos
curativos, cosméticos y en la preparación de los cuerpos inertes para su preservación
en el viaje a la eternidad.
En
el oriente asiático, los testimonios
que nos han legado las investigaciones sobre la antigua Mesopotamia,
en particular sobre la cultura babilónica, nos demuestran que la aplicación de
la aromaterapia tampoco era ajena a esos pueblos semitas. Por
otra parte, la medicina ayurvédica nos indica que desde hace unos cuatro mil años
los aromas eran aplicados como terapéutica en el Asia meridional, especialmente
en la India y en la actual Pakistán, herederas privilegiadas de las tradiciones
del Valle del Indo. En
la América prehispánica todas las culturas
que florecieron a lo largo del Continente, han dejado testimonio del uso de las
plantas aromáticas con fines curativos y rituales. Durante
los siglos XVI y XVII
más de 100 aceites esenciales fueron utilizados para investigar fórmulas de medicina
tradicional. Al llegar la era industrial la acción terapéutica de los aromas y
otras alternativas de salud fueron relegadas. Existieron
además Escuelas Tradicionales donde algunos de estos sabios aprendieron y divulgaron
los conocimientos de la aromaterapia, a veces en forma institucional, como es
el caso de la Isla de Anglesey (Ynis
Mon, Tir Mon, Moneg) en el céltico noroeste europeo, o bien es el caso de la mediterránea
Marsella al sur de francia. Es
a principios del siglo XX, que renace
este maravilloso mundo de salud y belleza cuando el químico francés René
Maurice Gatteffose, conocido como el padre de la aromaterapia,
usó este término por primera vez.
En
1920 cuando el doctor René-Maurice
Gattefossé, se quemó una mano mientras trabajaba en un laboratorio de perfumes.
Sumergió la mano en un envase con aceite de lavanda y se asombró por la pronta
curación y el mínimo de cicatrices. Entonces empezó a investigar las propiedades
curativas de otros aceites aromáticos. Trabajando
muy de cerca con aceites esenciales pudo constatar que contenían poderosas propiedades
antisépticas y curativas, y demostró que la piel puede absorber sustancias grasas,
siempre y cuando su estructura molecular sea suficientemente pequeña, como es
el caso de los aceites esenciales. En
1928 publicó su libro de Aromaterapia
que causó gran revuelo en el medio, ya que sostuvo su descubrimiento de que al
inhalar ciertos aromas es posible aliviar estados de ansiedad y depresión. La
bioquímica y cosmetóloga francesa Marguerite
Maury es considerada pionera de la
aromaterapia holística. Ella desarrolló un masaje especial aplicando aceites esenciales
en las terminales nerviosas, e introdujo el concepto de prescripción individual
(PI), donde las esencias mezcladas se ajustaban no solo a los requerimientos físicos
sino también a las circunstancias y al temperamento de cada uno de sus pacientes. Los
científicos P. Franchomme, D.
Pénoël y Fhanel han
dedicado más de 20 años a la investigación médico-científica de los aceites esenciales
en los procesos bio-energéticos del ser humano, con lo cual cada día se pisa terreno
más firme en este campo. |