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Tradicionalmente
se asocia la imagen de la bruja a una mujer anciana, fea y especialmente
desagradable, sin embargo se creía que entre sus poderes estaba
el de poder modificar su aspecto a voluntad mostrándose como una
joven hermosa y deseable. La bruja utilizaría esta apariencia
para seducir a los hombres y llevarlos a la perdición.
En la literatura
juvenil se suele desmarcar de esta visión, más basada en La Celestina,
para recrear otro bruja más agradable a la vista, pero igual de
peligrosa.
Varios dibujantes
han representados a las brujas como mujeres jóvenes y dotadas
de un enorme atractivo innato.
Buenos ejemplos
son las numerosas damas que tratan de hechizar, utilizar o contratar
a Conan el Bárbaro o la deslumbrante
y turgente Reina Bruja de Anubis, que trató de seducir y hechizar
al El Capitán Trueno y al final, siguiendo la línea de no mostrar
a la bruja como un ser malvado, dio su vida por la de la reina
Sigrid para verlos juntos antes de morir.
Las brujas de cuento
más famosas son:
- La madrastra de Blancanieves
que intenta asesinar a ésta con una manzana envenenada.
- La bruja de La Sirenita (el
relato de Hans Christian Andersen), que realiza un pacto por
el cual le dota de unas piernas a cambio de su voz.
- La bruja malvada de La bella
durmiente, capaz de convertirse en dragón.
- La bruja de la casita de chocolate
de Hansel y Gretel.
- La Baba Yaga del folclore ruso,
reflejada en el relato homónimo de Aleksandr Nikolaievich Afanasiev,
una vieja bruja que habita en una casa mágica que es capaz de
caminar sobre patas de ave.
Todas estas obras tienen un mensaje
subliminal, que por citar un ejemplo, en el cuento de Blancanieves,
que fuera escrito por los hermanos Grimm en un contexto en que,
a falta de escuelas, los cuentos se erigieron en lecciones de
moral que suplían sus enseñanzas.
Blancanieves pretende ser una advertencia
del peligro que existe al aceptar lo que nos ofrecen las personas
desconocidas.
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