Antes de empezar un estudio,
tenemos que comprobar que los escritos que tenemos para analizar
son idóneos. Una mala pluma, una mala tinta, una postura incómoda,
un estado anormal de fatiga, depresión o excitación, pueden
deformar el grafismo habitual. Hay que rechazar todo escrito
que el sujeto haya realizado pensando que será examinado grafológicamente.
El mejor documento para hacer un buen estudio grafológico es
el más espontáneo y el que ofrece mayor número de elementos
gráficos. El más interesante es una carta íntima, ya que posee
elementos importantes como: -Fecha y encabezamiento. -Saludo.
- Despedida. -Firma y rúbrica. Los datos necesarios para completar
un informe son: -Edad, sexo. -Estado de salud. -Profesión y
estado civil. -Ambiente social del sujeto y de su familia. -Historial
escolar y profesional. -Aficiones al márgen de su profesión.
- Objeto del análisis (selección de un cargo, orientación profesional,
estudio de complementación de caracteres, etc.). Si un análisis
se realiza para cubrir un puesto de trabajo, es necesario tener
una descripción de las funciones que debe desarrollar en el
puesto requerido, y del ambiente en que debe desenvolverse,
el carácter del jefe, para tener en cuenta la complementación
de caracteres, y la psicología del equipo del cual ha de formar
parte. Los apuntes ofrecen naturalidad y espontaneidad, pero
carecen de los elementos anteriormente citados. Si sólo podemos
conseguir un sólo documento, que sea una carta manuscrita. Pero
lo mejor para hacer un análisis grafológico, es poseer muestras
de varias épocas, ya que nos ofrece la oportunidad de analizar
a la persona a través del tiempo, observando la evolución de
su personalidad, y contrastándola con la última carta, la más
reciente, que reflejará a la persona en el momento presente.
En un consultorio, para alguna revista, se solicitan quince
líneas de texto espontáneo, en forma de carta, con firma.