Los fundamentos
de la homeopatía, según su creador el Dr. Hahnemann,
tiene su punto de partida el los “semejantes” de Paracelso (médico
y alquimista suizo del siglo xvi) quien dedujo que las mismas
sustancias que en grandes cantidades causan la enfermedad también
la curan si se administran en pequeñas dosis.
Este principio
básico de la terapia desarrollada por Hahnemman es el que ha
dado nombre a la misma. Homeopatía significa “curar con lo mismo”,
es decir, curar con aquello que enferma de igual manera al individuo
sano.
Hahnemann postulo
que, cuanto menor fuera la dosis administrada al enfermo, más
rápida y eficaz sería la curación, desarrollando así el segundo
principio básico de la homeopatía, conocido como principio de
las dosis infinitesimales.
Para Hahnemann,
el organismo posee un principio o energía vital (el arqueo de
Paracelso), cuya función, en estado normal, consiste en regular
todo el organismo proporcionándole una capacidad natural de
autocuración. Es lo que Hahnemann denomina Natura Medicatrix.
Cuando esta energía vital se desequilibra, el organismo enferma.
Según Hahnemann, bastaría un pequeño impulso para “activar”
el proceso de autocuración del enfermo.
El desequilibrio
causado en el organismo puede ser de distintos tipos, pero esta
caracterización no tiene por qué depender de los distintos agentes
patógenos. Lo importante a la hora de buscar un remedio es determinar
en qué sentido se ha producido el desequilibrio de la Natura
Medicatrix, y éste viene determinado exclusivamente por los
síntomas de la enfermedad. Así, dos enfermos con idénticos síntomas
deben ser tratados de la misma manera, aunque las causas de
sus enfermedades sean distintas.
El principio
lógico fundamental causa-efecto no es aplicable para Hahnemann
a los procesos patológicos y a su curación. La base de su planteamiento
es de carácter filosófico, y tampoco es original del médico
alemán. Para entender su filosofía habría que remontarse a las
teorías de los sofistas griegos y a las doctrinas de Hipócrates
y Galeno. Más aún, para Hahnemann no existe causa de la enfermedad,
y si existe es esencialmente incognoscible. Sus propias palabras
constituyen un rechazo de la ciencia como forma de conocimiento,
fenómeno éste muy frecuente en toda una serie de doctrinas y
disciplinas actuales que se ubican a sí mismas “en las fronteras
de la ciencia”.
Ley de similitud
En 1810, Hahnemann
publica su obra fundamental, Organnon der Rationellen Heilkunde,
en la que define y precisa la ley de similitud, según la cual:
- Toda sustancia activa farmacológicamente,
provoca en el individuo sano y sensible un conjunto de síntomas
característicos de dicha sustancia.
- Todo individuo enfermo presenta
un conjunto de síntomas que caracterizan a su enfermedad.
- La curación se puede obtener
mediante la administración de una pequeña cantidad de la sustancia
cuyos efectos sean similares a los de la enfermedad.
Principio de
las dosis infinitesimales.
Este es el segundo
principio básico de la homeopatía. Esta establece que ualquier
producto que se elaborase para administrárselo a un paciente,
consistiría en una pequeña porción de la sustancia activa, prescrita
de acuerdo con la materia médica, y diluida sucesivamente hasta
que prácticamente no quede sustancia activa en el preparado.
La única explicación
lógica que podía buscarse a este principio era que, en el proceso
de dilución del principio activo, el medio en el que se diluía
éste (normalmente agua) fuera capaz de “memorizar” las características
del agente activo, pero evitando su toxicidad, ya que aquél desaparecía.
Suponiendo cierto
esto, para que el tratamiento fuera más eficaz se necesitaría
agitar vigorosamente el preparado durante su proceso de dilución,
de manera que todas las moléculas del disolvente entraran en contacto
con la sustancia activa. Es lo que se conoce como dinamización,
y exige no sólo una intensa agitación del preparado, sino también
que el proceso se realice en sucesivas fases de dilución 1/10
ó 1/100. Es decir, disolviendo sucesivamente una parte de la mezcla
original en 10 ó 100 partes de disolvente respectivamente, repitiendo
a continuación el proceso.
El número de repeticiones
efectuadas determina la potencia de la disolución, en decimales
(o centesimales) hahnemannianos: DH (o CH).
Ley de la Individualización
Una última ley
de la homeopatía se denomina Ley de la Individualización, y de
acuerdo con ella los homeópatas hacen suyo el viejo aforismo de
‘no hay enfermedades sino enfermos’.
Todo estudio sintomático
y todo remedio homeopático deben confeccionarse exclusivamente
para cada paciente, y no tienen sentido los remedios generales.
Esta ley es la que con más frecuencia ignoran los homeópatas,
y la que, en cualquier caso, permite justificar cualquier posible
fracaso de un tratamiento determinado o de un estudio clínico.
No impide, sin embargo, que los homeópatas refieran aquellos estudios
clínicos que sí les dan la razón.
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