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Se oculta en medio
de una densa neblina, que él mismo produce. Jamás navega a la
luz del día.
Si casualmente
una persona, que no sea bruja se acerca, el Caleuche se transforma
en un simple madero flotante; y si el individuo intenta apoderarse
del madero, éste retrocede.
Otras veces se
convierte en una roca o en otro objeto cualquiera y se hace invisible.
Sus tripulantes se convierten en lobos marinos o en aves acuáticas.
Se asegura, que
los tripulantes tienen una sola pierna para andar y que la otra
está doblada por la espalda, por lo tanto andan a saltos y brincos.
Todos son idiotas y desmemoriados, para asegurar el secreto de
lo que ocurre a bordo.
Al Caleuche, no
hay que mirarlo, porque los tripulantes castigan, a los que los
mira, volviéndose la boca torcida, la cabeza hacia la espalda
o matándole de repente, por arte de brujería. El que quiera mirar
al buque y no sufrir el castigo de la torcedura, debe tratar que
los tripulantes no se den cuenta.
Este buque navega
cerca de la costa y cuando se apodera de una persona, la lleva
a visitar ciudades del fondo del mar y le descubre inmensos tesoros,
invitándola a participar en ellos con la sola condición de no
divulgar, lo que ha visto.
Si no lo hiciera
así, los tripulantes del Caleuche, lo matarían en la primera ocasión
que volvieran a encontrarse con él.
Todos los que mueren
ahogados son recogidos por el Caleuche, que tiene la facultad
de hacer la navegación submarina y aparecer en el momento preciso
en que se le necesita, para recoger a los náufragos y guardarlos
en su seno, que les sirve de mansión eterna.
Cuando el Caleuche
necesita reparar su casco o sus velas, escoge de preferencia los
barrancos y acantilados, y allí, a altas horas de la noche, procede
al trabajo.
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