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Leyendas y Mitos
El duende o dovende
 
 
El duende o dovende (como dice la gente de campo),
es un ser misterioso, juguetón, triste, inquieto,
que lo ven con mayor frecuencia los niños.
 
 
 
 

En efecto, son los niños quienes los ven, ya que es a ellos que se les aparece, por las tardes cuando el calor pega tan fuerte que parte la tierra, o cuando llega la oración (momento del crepúsculo, entre la tarde y la noche) cuando los mayores están entregados a sus quehaceres, se descuidan por unos instantes de los niños y estos tan traviesos, salen a jugar solos y es el momento preciso para que aparezca el duende, y le haga compañía, le mostrara unas bolillas brillantes y muy hermosas, (las mismas son el excremento de la ovejas), pero el niño estará viendo las más lindas bolillas, que no podrá decir que no juega, así comienzan a alejarse de la casa, cada vez más lejos, el duende se lo querrá llevar consigo, pero seguramente la intervención de un perro o un mayor terminara con esta acción y el niño ni se entero de que estaba lejos de casa.

Esta creencia de los pobladores rurales del Noroeste Argentino, esta muy arraigada entre las leyendas autoctonas.

Los duendes son aquellos fetos o recién nacidos muertos que fueron enterrados sin contar con el sagrado Sacramento del Bautismo, entonces estos seres espirituales que tienen forma de un niño viejo, con sombrero alón grande ovejuno, poncho de llama, pantalón de barracan, una mano de piedra y otra de lana, su rostro jamás fue visto por alguien, no le gusta los malos olores, con respecto a sus manos, ellos te preguntan ¿con cual te pego? Si tu eliges la mano de lana como sería obvio, él te pega con la de hierro, tiene los conceptos cruzados, muy a propósito.

El mejor que nadie sabe de los lugares donde existen niños solos. Cuando llega la oración suele llorar sus penas de no tener mamá, de haber sido abandonado a la muerte, lamenta la ausencia de hermanos, sufre y por eso se acerca a los niños para llevarlos y le hagan compañía, jueguen con él ya que por su soledad es muy triste.

Suele escucharse a veces por las noches llorar de manera lastimosa y con gemidos fuertes entonces las abuelas nos dicen es el duende, que está padeciendo, y hay que tirar agua bendita y rezar por ellos, para que dejen de sufrir, también se suele santiguar los lugares para que descansen en paz, a veces ellos se burlan ya que en medio de esta acción se ríen como guaguas de manera alevosa.

Tambien cabe mencionar aquí, una naracción de Héctor Miguel Jaramillo que fuera extraida de Jujuy en letras, que muy posiblemente hable de la misma entidad o criatura:

El carretón, de grandes ruedas con varas de madera, rechinaba a cada vuelta en el áspero terreno sembrado de piedras y malezas del Noroeste Argentino.

De pie, en el pescante, Víctor oteaba a la distancia, impaciente, regresaba a vigilar en el monte salvaje, los hornos provisorios de la quema de carbón, construidos tras el arduo desmonte.

Habían partido del humilde rancho al amanecer, acompañado del menor de los hijos, de sólo siete años; Recorrían, celosamente, los candentes montículos de tierra de cuyos productos, dependía, el sustento familiar.

Pasado el mediodía, urgidos por la distancia, adelantaban el regreso; Arribarían, con suerte al hogar, caída la "oración" . El carro, rechinaba, enfrentándose a las enormes piedras del camino, inclinándose hacia un lado mientras se elevaba el opuesto, descendiendo violentamente, mientras el niño, aferrándose a las barandas, evitaba ser despedido. La marcha era zigzagueante, eludía las temibles “uñas de gato”, enredaderas del monte que de trecho en trecho colgaban sobre el sendero, temidas por los viajeros, porque a su paso y al menor descuido, arrancaban jirones de piel.

De pronto, el caballo se había sofrenado, relinchaba y pateaba el suelo en el mismo lugar, negándose a avanzar, a pesar de los latigazos que le propinaba, al tiempo que se erizaban las crines del pescuezo y la boca del freno se llenaba de espuma; Emprendía, luego una carrera desenfrenada, mientras intentaba, Víctor, infructuosamente, sujetarlo.

El pesado carro golpeaba las ruedas estrepitosamente, a cada tumbo, amenazaba a los ocupantes despedirlos al costado del camino. De pronto, estupefactos, descubrían una pequeña figura humana encaramado a los rayos de la misma; afanoso cambiaba alternadamente, los brazos en los maderos, porfiado en frenarlo; De brazos robustos, velludos y un sombrero de alas anchas que le cubría el rostro. Víctor, espantado, sostenía con una mano las riendas y con la otra daba furibundos latigazos sobre el costado de la rueda, con el afán de desprender la espectral criatura, que atenazada en la rueda, permanecía impasible sin mella alguna.

En la vertiginosa marcha, los enseres se desprendían uno a uno y aterrizaban rebotando sobre el camino; Súbitamente al cruzar un arroyo cristalino, milagrosamente las ruedas, levantaban una corona de gotas de agua que hacían desaparecer a la endemoniada visión. Víctor de a poco, conseguía dominar el desbande del animal; El niño, aterrorizado, permanecía con las manos engarrotadas sobre la baranda.

En plena penumbras, con el caballo bañado en sudor y restos de espumas en el freno arribaban al refugio del rancho. Transponía Víctor la entrada y sin decir una palabra, tomaba el crucifijo familiar y lo apretaba firmemente sobre su pecho.

 
 
   
   
   
 

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El Ekeko - El familiar o Viborón - El Ivunche - El mito azteca de la creación - El mito de Demeter
El mito de Isis y Osiris - El mito de Prometeo encadenado - El mito hindú de Indra y Visnu
El mito tibetano de la creación - El regreso de los dioses mayas - Erks la ciudad intraterrena
La casa del trueno - La cruz del sur - La doncella del valle del encanto - La maldición de Tuntakamón
La Pachamama - La yerba mate - Las mujeres guerreras - Sedna, la hija del mar - Ukako - Ukumar


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Esta creencia de los pobladores rurales del Noroeste Argentino, esta muy arraigada entre las leyendas autoctonas.

Los duendes son aquellos fetos o recién nacidos muertos que fueron enterrados sin contar con el sagrado Sacramento del Bautismo, entonces estos seres espirituales que tienen forma de un niño viejo, con sombrero alón grande ovejuno, poncho de llama, pantalón de barracan, una mano de piedra y otra de lana, su rostro jamás fue visto por alguien, no le gusta los malos olores, con respecto a sus manos, ellos te preguntan ¿con cual te pego? Si tu eliges la mano de lana como sería obvio, él te pega con la de hierro, tiene los conceptos cruzados, muy a propósito.

El mejor que nadie sabe de los lugares donde existen niños solos. Cuando llega la oración suele llorar sus penas de no tener mamá, de haber sido abandonado a la muerte, lamenta la ausencia de hermanos, sufre y por eso se acerca a los niños para llevarlos y le hagan compañía, jueguen con él ya que por su soledad es muy triste.

Suele escucharse a veces por las noches llorar de manera lastimosa y con gemidos fuertes entonces las abuelas nos dicen es el duende, que está padeciendo, y hay que tirar agua bendita y rezar por ellos, para que dejen de sufrir, también se suele santiguar los lugares para que descansen en paz, a veces ellos se burlan ya que en medio de esta acción se ríen como guaguas de manera alevosa.

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