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Así el mandala es
un símbolo de crecimiento espiritual cuyo punto central es la
mente. La relación que se establece a través de la contemplación
de la geometría del mandala incita a un estado de meditación que
ayuda a explorar los rincones de la psique.
Las mandales se describen
como diagramas del cosmos en un sentido externo y en un sentido
interno como guías hacia prácticas de meditación.
En los escritos sagrados
del Tibet se dice que durante la meditación uno debe contemplarse
a sí mismo y a todas las cosas como un mandala sagrado.
La persona que está
meditando tiene que situarse en el centro del mandala pensando
que es como el buda y que se relaciona integralmente con el intrincado
diseño del Universo.
Se puede ver a estas
imágenes como un diagrama cósmico que nos recuerda nuestra relación
con el infinito, que el mundo se extiende más allá de nuestros
cuerpos y mentes.
Las cuatro puertas
que rodean el mandala significan la habilidad de la espiritualidad
para desplegarse desde el sitio sagrado hacia otros tiempos y
espacios.
Los mandalas simbolizan
realidades materiales e inmateriales en todos los aspectos de
la vida: los círculos celestiales que llamamos Tierra, Sol y Luna,
así como círculos de amigos, familia y comunidad.
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