Y
el Padre le obsequió a uno de sus hijos un bello rosal. Se le
acercó con amor y le dijo:
-Hijo
mío, te he entregado un rosal. Puedes visitarlo y encontrar
el amor en cada pétalo de cada rosa, que he puesto para ti.
Entonces
el hombre entró corriendo al terreno, corriendo y gritando...
buscando el rosal. Mas, no encontraba ni una, ¡ni siquiera una
rosa en el terreno!.
Entonces
enfurecido gritaba: -¿Dónde están las rosas, me han engañado
acaso? Y pisaba muy fuerte y corría. Y era fuerte su temperamento,
como fuerte era su paso, como fuerte era su voz. Y no encontraba
ni una... ni siquiera una rosa en el terreno.
¡Más
alta era su voz! ¡Más fuerte su lenguaje!... lenguaje separado
del amor... Hasta que un día se cansó... se cansó de correr
y de pisar fuerte, y su garganta se cansó del grito y del enojo.
Y su corazón no resistió, no resistió más la ira. Entonces el
hombre sentado en medio del terreno lloró... ¡ni siquiera una
rosa en el terreno!.
Lloró durante dias. El sol salía y secaba las lágrimas. Mas
el hombre volvía a llorar.
Hasta
que un día, cuando empezó a mirar con sus ojos cansados, más
limpios ya con las lágrimas, vio como brotaba un tallito de
rosa. Se acercó muy silencioso y sigiloso y observó, que sí...
¡era un botón de rosa! Entonces le dijo:
-¿Por
qué has esperado tanto para salir?. Si el Padre me regaló, no
una, sino un rosal?
Entonces
el botón de rosa le respondió:
-Porque
has gritado muy fuerte y has pisado muy fuerte, y nosotras las
rosas nos hemos asustado con tu enojo. Cuando llegabas al terreno
temblábamos...
Si quieres que broten las rosas...
Encuentra el lenguaje del amor ese lenguaje que no grita...
Ese lenguaje que no hiere...
Ese lenguaje que no ofende...
Ese lenguaje que no insulta...
Ese lenguaje...
Ese
lenguaje que no pronuncia las palabras tan duras Ese lenguaje
que solo dice:
¡Te
amo!... Te amo infinitamente.
Te amo porque sí... ¡
y acepto el amor que suavemente brota para ti!
El
hombre entendió... y habló bajito. Y encontró los más bellos
versos, que hicieron grandes poemas.
Y
con su suave voz cantó al terreno...
y cantaba y cantaba... mas, no tenía apuro.
Después
de cantar y hacer los poemas, de pronto miró a su alrededor
y estaba en medio de ¡tantas y tantas y tantas rosas de colores!...
que ni siquiera el hombre podría contarlas, pues era ese número
infinito, ese número que se encuentra con Dios y se hace interminable.
Y el terreno fue bello, y las rosas no murieron... ¡fueron rosas
eternas!.
Pues
el suave lenguaje del amor, les alimentaba como el mejor de
los abonos.
Y cada vez eran más coloridos los pétalos y cada vez era más
y más bello el terreno.
Es el amor, el mejor abono para que las rosas broten sin temor...
y hagan un bello paraíso del camino por el cual tú pisas en
ascenso de tu alma.
¡No
te resistas al dulce lenguaje del amor... !