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Postrada
en la cama hasta su muerte (en 1824), le cuenta al poeta alemán
Clemente Brentano las visiones que había tenido sobre la Pasión
y éste las transcribe en un libro publicado por primera vez en
1833.
Anna Catalina Emmerich
nació en Alemania en 1774 de familia muy pobre, se hizo monja
de la Orden Agustina en Dulmen; tuvo una vida de continuas enfermedades
agravadas al quedarse inválida por un accidente. Tenía el uso
de razón desde su nacimiento y podía entender latín litúrgico
desde la primera vez que fue a Misa.
Religiosa Agustina,
estigmática y extática, nació el 8 de setiembre de 1774 en Flamsche,
cerca de Coesfeld en la Diócesis de Munster, en Westphalia, Alemania,
y murió el 9 de febrero de 1824 en la localidad de Dulmen.
Sus padres, que
eran campesinos, fueron bastante pobres y piadosos. A la edad
de doce años se vio obligada a trabajar en el campo, para luego
desempeñarse como costurera durante varios años. Siempre delicada,
fue enviada a estudiar música pero al descubrir la pobreza en
la que la familia del organista vivía, les entregó lo poco que
había ahorrado para su ingreso al convento y trabajó para él y
su familia como sirvienta por algunos años. Por momentos estaba
tan necesitada de alimento que su madre le llevaba pan en sus
descansos, y parte de ese pan iba destinado a la familia de su
amo. Una vez cumplidos los veintiocho años (1802) ingresó al convento
augustino de Agnetenberg en Dulmen. Ahí se mostró contenta por
ser considerada como la última de la casa.
Su celo y entusiasmo,
sin embargo, incomodaba al común de las hermanas, que estaban
intrigadas y molestas por sus extrañas capacidades y su salud
frágil, y que al no comprender los éxtasis en los que entraba
cuando estaba en la iglesia, en su celda o mientras trabajaba,
la trataban con cierta antipatía. No obstante su intenso ascetismo,
ella cumplía con sus deberes fiel y alegremente. Cuando Jerónimo
Bonaparte cerró el convento en 1812, se vio obligada a buscar
refugio en la casa de una viuda pobre. En 1813 quedó postrada
en cama. Logró prever la caída de Napoleón con doce años de anticipación,
y aconsejó de una misteriosa manera al sucesor de San Pedro. Incluso
durante su infancia lo sobrenatural era tan común para ella que,
dada su inocente ignorancia, pensaba que el resto de niños gozaba
de los mismos favores que ella, i.e. conversar de manera muy familiar
con el Niño Jesús, etc. Ella mostraba un conocimiento maravilloso
cuando los pobres y enfermos se acercaban a la “brillante hermanita”
en busca de ayuda; ella conocía sus enfermedades y les prescribía
remedios que nunca fallaban. Era lista y vivaz por naturaleza
y el sufrimiento de los demás le generaba gran compasión muy fácilmente.
Este sentimiento se adhirió a su ser espiritual, por lo que ella
rezaba y sufría mucho por las almas de Purgatorio a quienes veía
con frecuencia, y también por la salvación de los pecadores cuyas
miserias ella conocía aún cuando estuvieses muy lejos. Al corto
tiempo de haber sido confinada a la cama (1813), sus estigmas
se manifestaron externamente, incluso como las marcas de las espinas.
Ella intentaba infructuosamente de ocultar su situación, tal como
había disimulado las cruces impresas en su pecho.
Como consecuencia
llegó aquello a lo que ella le tenía pavor en vista de la publicidad,
una comisión episcopal para investigar su vida y la realidad de
esos signos maravillosos. Los exámenes fueron sumamente estrictos,
pues se requería del mayor cuidado para no dar pretextos para
el ridículo y el insulto de parte de los enemigos de la Iglesia.
El vicario general, el famoso Overberg, y los tres médicos condujeron
la investigación con cuidado escrupuloso y terminaron convencidos
de la santidad de la “piadosa Beguina”, como se le conocía, y
de la veracidad de los estigmas.
A fines de 1818
Dios le concedió su más ferviente oración y la alivió de los estigmas,
y las heridas de sus manos y pies curaron pero las demás permanecieron,
y en Viernes Santo todas se reabrieron. En 1819 el gobierno envió
un comité de investigación que ejerció su comisión de una manera
brutal. Enferma de muerte de se encontraba, fue traslada por la
fuerza a una gran habitación en otra casa y se le mantuvo en estricta
vigilancia durante el día y la noche durante tres semanas, alejada
de todos sus amigos a excepción de su confesor. Se le insultó,
amenazó e incluso se le aduló, pero todo fue en vano. La comisión
partió sin encontrar nada sospechoso y permaneció en silencio
frente a su presidente, y viéndose insultada por su reticencia,
declararon que todo era un fraude, tras lo cual hubo una obvia
respuesta: ¿Respecto de qué? ¿Y por qué la demora en su publicación?
Alrededor de esos días el famoso poeta Klemens Brentano fue inducido
a visitarla; para su gran asombro ella lo reconoció, y le dijo
que él había sido señalado como el hombre capaz de ayudarla a
que se cumpliera el mandato de Dios, concretamente, que escribiera
por el bien de innumerables almas, la revelación que Él le había
hecho.
Brentano tomó breves
notas sobre los principales puntos y, en vista de que ella hablaba
el dialecto de Westphalia, él procedió a traducirlos inmediatamente
al alemán. Conforme iba escribiendo, le leía y cambiaba y borraba
hasta que ella lo aprobara en su totalidad. Como tantos otros,
él se vio conquistado por su evidente pureza y sus excesivas humildad
y paciencia ante tan indescriptible sufrimiento. Junto con Overberg,
Sailer de Ratisbon, Clemente Augusto de Colonia, Stollberg, Louisa
Hensel, etc. Él la reverenciaba como la novia escogida de Cristo.
En 1833 aparecieron
los primeros frutos del esfuerzo de Brentano, “La Dolorosa Pasión
de Nuestro Señor Jesucristo de acuerdo a las Meditaciones de Anne
Catherine Emmerich” (Sulzbach). Brentano preparó para su publicación
el trabajo “La Vida de La Santísima Virgen María”, pero no apareció
hasta 1852 en Munich. Valiéndose de los manuscritos de Brentano,
el P. Schorger publicó en tres volúmenes “La Vida de Nuestro Señor”
(Ratisbon, 1858 – 80), y en 1881 una gran edición ilustrada de
la misa obra. Este también escribió su vida en dos tomos (Freiburg,
867 – 70, nueva edición, 1884). Las visiones de Anne muestran
detalles, generalmente ligeros, que les dan una intensidad que
captura el interés del lector, ya que cada escena gráfica es sucedida
por otra en una rápida sucesión como si fuesen físicamente visibles
a través los ojos.
Algunos místicos
se preocupan más de las ideas, ella de los eventos; otros se detienen
para meditar en voz alta y para guiar los pensamientos del lector,
ella deja que los hechos hablen por sí mismos con la simpleza,
brevedad y seguridad de una narrativa Evangélica. El tratamiento
que le otorga a tan difícil tema, la doble naturaleza de Cristo,
es admirable. Su humanidad la muestra clara y definida, pero a
través de esta brilla siempre un destello de Divinidad. La expansión
rápida y silenciosa de sus trabajos a lo largo de Alemania, Francia,
Italia y en cualquier otro lugar habla bien de su mérito. Por
algún motivo o produjeron controversias. Dom Guéranger elogia
sus méritos en elevados términos (Le Monde, 15 de abril, 1860).
La Hermana Emmerich
vivió durante uno de los más tristes y menos gloriosos periodos
de la historia de la Iglesia, cuando la revolución triunfó, la
impiedad floreció y muchas de las más justas provincias bajo su
dominio fueron invadidas por infieles y echadas a tal ruinosa
situación que la Fe parecía estar por extinguirse. Su misión parece
haber sido, en parte, ayudar a la restauración de la disciplina
de la Iglesia, especialmente en Westphalia a través de sus oraciones
y sufrimientos. De la misma manera, fortalecer cuando menos a
los más pequeños del rebaño en su fe. Además de todo esto, ella
salvó muchas almas y recordó al mundo cristiano que lo sobrenatural
está alrededor pero a un grado a veces olvidado. Un rumor acerca
del robo el cuerpo fue la causa de que se abriera su tumba seis
semanas después de su muerte. El cuerpo fue encontrado fresco,
sin ningún signo de corrupción. En 1892 el proceso de su beatificación
fue introducido por el Obispo de Münster.
Durante los últimos 12 años
de su vida, no comió ningún tipo de comida excepto la sagrada
comunión, ni bebió ninguna bebida excepto agua, subsistiendo completamente
por la Santa Eucaristía. Desde 1802 hasta su muerte, tuvo las
heridas de la Corona de Espinas, y de 1812, todos los estigmas
de Nuestro Señor, incluso una cruz encima de su corazón y la herida
de la lanza.
En los últimos
años de su vida, hasta su muerte en 1824, recibió las visiones
de la vida de Cristo, de la Virgen María y de la vida después
de la muerte, así como otras videncias de sucesos que acontecerían
tiempo después como el Muro de Berlín, el Concilio Vaticano II,
etc. Con sus visiones en la mano descubrió Reynolds los restos
de la ciudad de Ur de Caldea, y la recién descubierta morada de
la Virgen en Efeso resultó ser también tal como ella la había
descrito.
Del mismo modo
se descubrieron en 1981 los pasadizos bajo el Templo de Jerusalén,
que Ana vio al contemplar el misterio de la lnmaculada Concepción
de María, dogma que no sería proclamado por la Iglesia hasta treinta
años después de la muerte de esta vidente. Ana Catalina Emmerich
supo por Nuestro Señor que su regalo de visión del pasado, presente,
y el futuro en visión mística era mayor que el poseído por nadie
más en historia.
EL MISTERIO DE
INIQUIDAD
"Vi diferentes
partes de la tierra: mi guía me nombró Europa y, mostrándome un
rincón arenoso, me dijo estas importantes palabras: - He aquí
la Prusia enemiga. El me enseño a continuación un punto más al
norte diciendo: - He aquí la Moscovia trayendo con ella muchos
males." (AA.III.133)
"Los habitantes
eran de un orgullo inusitado. Vi que se armaban y que se trabajaba
por todos los lados. Todo era sombrío y amenazante" ...........
LA CRISIS UNIVERSAL
Cuando llego a un
país, veo lo mas a menudo en su capital, como en un punto central,
el estado general de este país bajo forma de noche, de bruma,
de frío; veo también de muy cerca las sedes principales de la
perdición, yo comprendo todo y veo en escenas donde están los
mayores peligros. De estos focos de corrupción, veo derrames y
cenagales extenderse a través del país como canales envenenados
y veo en medio de todo esto a gentes piadosas en oración, las
iglesias donde reposa el Santo Sacramento, los cuerpos innumerables
de santo y bienaventurados, todas las obras de virtud, de humildad,
de fe, ejercer una acción que sofoca, que apacigua, que detiene
el mal, que ayuda donde hace falta. A continuación tengo visiones
donde los malvados como los buenos pasan ante mis ojos. (AA.II.408)
Veo planear sobre
ciertos lugares y ciertas ciudades, apariciones espantosas que
les amenazan con grandes peligros o incluso con una destrucción
total. Veo tal lugar derrumbarse de alguna manera en la noche:
en otro, veo la sangre correr a ríos en las batallas libradas
en el aire, en las nubes. (AA.II.408)
Y esto peligros, estos
castigos, no los veo como cosas aisladas, sino que los veo como
consecuencias de lo que pasa en otros lugares donde el pecado
estalla en violencias y en combates encarnizados, y veo el pecado
devenir la vara que golpea a los culpables. (AA.II.409)
Atravesaba la viña
(la diócesis) de Saint Ludger (Munich) donde encontré todo en
sufrimiento como anteriormente y pase por la viña de saint Liboire
(Paderborn) donde trabajé en ultimo lugar y que encontré en vias
de mejora. Pase por el lugar (Praga) donde reposan san Juan Nepomuceno,
san Wenceslao, Santa Ludmila y otros santos. Habían muchos santos,
pero entre los vivos pocos sacerdotes piadosos y me parecía que
las personas buenas y piadosas se mantenían escondidas ordinariamente.
Iba siempre hacia el mediodía (tras esa subida hacia el nor-este)
y pasaba delante de la gran ciudad (Viena) que domina una alta
torre y alrededor de la cual hay muchas avenidas y barrios. Dejaba
esta ciudad a la izquierda y atravesé una región de altas montañas
(los Alpes austríacos) donde todavía había, por aquí y por allá,
mucha gente piadosa, especialmente entre aquellos que vivían dispersos:
después, yendo siempre hacia el mediodía, llegue a la villa marítima
(Venecia) donde vi recientemente a San Ignacio y sus compañeros.
Vi ahí también una gran corrupción: vi a San Marcos y otros santos.
Iba por la viña de san Ambrosio (la diócesis de Milán). Me acuerdo
de muchas visiones y de gracias obtenidas por la intercesión de
san Ambrosio, sobre todo la acción ejercida por el sobre san Agustín.
He aprendido muchas cosas sobre él y, entre otras, que había conocido
a una persona que tenía, en un cierto grado, el don de reconocer
las reliquias. Tuve visiones a propósito de ese asunto y creo
que él ha hablado de ello en uno de sus escritos...
Llegue a la casa de
san Pedro y san Pablo (Roma) y vi un mundo tenebroso lleno de
angustia, de confusión y de corrupción... vi en esta ciudad terribles
amenazas viniendo del norte.
Partiendo de ahí,
atravesé el agua (el Mediterráneo), tocando a las islas donde
hay una mezcla de bien y de mal y encontré que los más aislados
eran los más felices y los más luminosos: después fue a la patria
de Francisco Javier (España), por que yo viajaba en la dirección
del poniente. Vi allí numerosos santos y vi el país ocupado por
soldados rojos. (AA.II.411)
Su jefe (el de España)
estaba hacia el mediodía más allá del mar. Vi a este país (donde
se encontraba el jefe) pasablemente tranquilo en comparación de
la patria de san Ignacio en donde yo entré a continuación y vi
en un estado espantoso. (AA.II.414)
Vi a las tinieblas
extendidas por toda esta región sobre la cual reposaba un tesoro
de méritos y de gracias provenientes de san Ignacio. Yo me encontraba
en el punto central del país. Reconocí el lugar donde, mucho tiempo
antes, yo había visto en una visión a inocentes arrojados en una
hoguera. (AA.II.414)
Vi finalmente a los
enemigos del interior avanzando por todos los lados y aquellos
que atizaban el fuego arrojados ellos mismos a la hoguera. (AA.II.415)
Vi enormes abominaciones
extenderse sobre el país. Mi guía me dijo: "Hoy Babel está
aquí" Y vi por todo el país una larga cadena de sociedades
secretas, con un trabajo como en Babel, y vi el encadenamiento
de estas cosas, hasta la construcción de la torre, en un tejido,
fino como una tela de araña, extendiéndose a través de todos los
lugares y toda la historia: el producto supremo de esta floración
era Semiramis, la mujer diabólica. (AA.II.415)
Vi destruir todo lo
que era sagrado y la impiedad y la herejía hacer irrupción. (AA.II.415)
Había una amenaza
de guerra civil próxima y de una crisis interior que iba a destruirlo
todo. (AA.II.415)
Desde este desgraciado
país (España) fui conducida por encima del mar, aproximadamente
hacia el norte, en una isla donde estuvo san Patricio (Irlanda).
No había más que católicos pero estaban muy oprimidos: tenían
sin embargo relaciones con el Papa, pero en secreto. Había todavía
mucho de bueno en este país porque las personas estaban unidas
entre ellas. (AA.II.416)
De la isla de san
Patricio llegue por encima de un brazo de mar (mar de Irlanda)
a una gran isla. Estaba sombría, brumosa y fría.
Vi por aquí y por
allá algunos grupos de piadosos sectarios (...) el resto estaba
todo en una gran fermentación.
Casi todo el pueblo
estaba dividido en dos partidos, y ellos estaban ocupados en intrigas
tenebrosas y desagradables.
El partido más numeroso
era el mas malo: el menos numeroso tenía los soldados a sus órdenes;
no valía tampoco gran cosa, pero sin embargo valía más. Vi una
gran confusión y una lucha que se aproximaba y vi el partido menos
numeroso tomar el poder.
Había en todo esto
abominables maniobras: había traiciones mutuas, todos se vigilaban
los unos a los otros y cada uno parecía ser el espía de su vecino.
Encima de este país
vi una gran cantidad de amigos de Dios pertenecientes a los tiempos
pasados: ¡cuantos santos reyes, obispos, propagadores del cristianismo
que habían venido de allí hacia Alemania a trabajar en nuestro
beneficio!. Vi a santa Walburge, el rey Eduardo, Edgar y también
santa Ursula.
Vi mucha miseria en
el país frío y brumoso: vi la opulencia, vicios y numerosos navíos.
De allí, fui al levante,
más allá del mar, a un territorio frío donde vi a santa Brigida
(de Suecia), san Canut (rey de Dinamarca y patrón de ese país)
y a san Eric (rey de Suecia). Este país estaba más tranquilo y
más pobre que el precedente, pero era también frío, brumoso y
sombrío. No se ya más que es lo que he visto y hecho allí. Todo
el mundo era protestante. (AA.II.417)
Desde ese lugar fui
a un inmenso territorio (Rusia) completamente tenebroso y lleno
de maldad, de allí surgían grandes tormentas. Los habitantes eran
de un orgullo inusitado. (AA.II.418)
Construían grandes
iglesias y creían tener la razón de su parte. Vi que se armaban
y que se trabajaba por todos los lados: todo era sombrío y amenazante.
Vi ahí a san Basilio y a otros. Vi sobre el castillo de tejados
deslumbrantes el Maligno que se mantenía en las agujas. (AA.II.418)
Mientras que todo
esto surge como un desarrollo de los cuadros tenebrosos que veo
en al tierra en estos países, veo los buenos gérmenes luminosos
que hay en ellos, dar nacimiento a escenas situadas en una región
más elevada. Veo por encima de cada país un mundo de luz que representa
todo lo que se ha hecho por él por los santos, hijos de ese país,
los tesoros de gracia de la Iglesia que ellos han hecho descender
sobre él por los méritos de Jesucristo. Vi por encima de iglesias
devastadas planear iglesias en la luz, vi a los obispos y los
doctores, los mártires, los confesores, los videntes y todos los
privilegiados de la gracia que han vivido allí: entro en las escenas
donde figuran sus milagros y las gracias que ellos han recibido,
y veo las visiones, las revelaciones, las apariciones más importantes
que ellos han recibido: veo todas sus vidas y sus relaciones,
la acción que han ejercido de cerca o de lejos, el encadenamiento
de sus trabajos y los efectos producidos por ellos hasta las distancias
más alejadas. Veo todo lo que ha sido hecho, como ha sido todo
ello aniquilado; y como, con todo, la bendición permanece siempre
sobre las vías que ellos han recorrido, como ellos permanecen
siempre en unión con su patria y su rebaño por la intermediación
de gentes piadosas que guardan su memoria y particularmente como
su osamentas, allí donde reposan, son, por medio de una relación
intima que las religa a ellos, fuentes de su caridad y de su intercesión.
Sin el socorro de
Dios, no se podría contemplar tantas miseria y abominaciones hacia
esta caridad y esta misericordia, sin morir por ello de dolor.
(AA.II.409)
LA NATURALEZA
HERIDA DE MUERTE
Vi la tierra como
una superficie redonda que estaba cubierta de oscuridad y de tinieblas.
(AA.II.158)
Todo se desecaba y
parecía perecer. Vi esto con detalles innumerables en criaturas
de toda especie, tales como los arboles, los arbustos, las plantas,
las flores y los campos. Era como si el agua hubiera sido quitada
de los arroyos, las fuentes, los ríos y los mares, o como si ella
volviera a su origen, a las aguas que están por encima del firmamento
y alrededor del paraíso. Atravesé la tierra desolada y vi los
ríos como líneas delgadas, los mares como negros abismos donde
no se veía más que algunos charcos de agua en el centro. Todo
el resto era un fango espeso y turbio en el cual veía animales
y peces enormes atrapados luchando contra la muerte. Iba lo suficientemente
lejos para poder reconocer la orilla del mar donde yo había visto
antes ahogar a san Clemente. Vi también lugares y hombres en la
más triste estado de confusión y de perdición y vi, a medida que
la tierra se volvía más desolada y más árida, las obras tenebrosas
de hombres que las cruzaban. Vi muchas abominaciones con un gran
detalle; reconocí Roma y vi a la Iglesia oprimida y su decadencia
en el interior y en el exterior. (AA.III.158)
CINCUENTA O SESENTA
AÑOS ANTES DEL AÑO 2000
En medio del infierno
había un abismo espantoso; Lucifer fue precipitado allí cargado
de cadenas, una espesa humareda lo rodeaba por todas partes. Su
destino era regulado por una ley que Dios mismo había dictado;
vi que, cincuenta o sesenta años, si no me equivoco entes del
año 2000, Lucifer debía salir durante algún tiempo del abismo.
Vi muchos otros datos
que he olvidado, otros demonios debían también ser puestos en
libertad en una época más o menos alejada, con el fin de tentar
a los hombre y de servir de instrumentos a la justicia divina.
Muchos de estos demonios deben salir del abismo en esta época
y otros de aquí a poco tiempo. (DD.452)
Vi que los apóstoles
fueron enviados a la mayor parte de la tierra para abatir por
todas partes el poder de Satán y para aportar bendiciones, y que
las regiones donde operan eran las que habían sido más fuertemente
envenenadas por el enemigo.
Si estos países no
han perseverado en la fe cristiana y están ahora dejados al abandono,
eso ha sido, como lo he visto, por una sabia disposición de la
Providencia. Ellos debían ser solamente bendecidos para el porvenir
y ellos permanecen baldíos con el fin de que sembrados de nuevo,
lleven frutos abundantes cuando los demás se hayan quedado sin
cultura. (AA.II.340)
Cuando Jesús descendió
sobre la tierra y que fue la tierra regada con su sangre, la potencia
infernal disminuyó considerablemente , y sus manifestaciones se
hicieron más tímidas. (BV.56)
LA RECONSTRUCCIÓN
DE LA IGLESIA
Entonces vi reconstruir
la Iglesia muy rápidamente y con más magnificencia que nunca.
(AA.III.114)
Vi una mujer llena
de majestad avanzar en la gran plaza que está ante la Iglesia.
Ella mantenía su amplio manto sobre los dos brazos y se elevaba
suavemente en el aire. Se poso sobre el domo y extendió sobre
toda la extensión de la Iglesia su manto que parecía irradiar
oro. Los demoledores se habían tomado un momento de reposo, pero,
cuando quisieron volver al trabajo, les fue absolutamente imposible
acercarse al espacio cubierto por el manto. (AA.II.204)
Después vi, a lo lejos,
acercarse grandes cortes, ordenadas en círculo alrededor de la
iglesia, unas sobre la tierra, otras en el cielo. La primera se
componía de hombres y mujeres jóvenes, la segunda de personas
casadas de toda condición entre los cuales reyes y reinas, la
tercera de religiosos, la cuarta de gentes de guerra. Ante ellos
vi a un hombre montado sobre un caballo blanco. La última tropa
estaba compuesta de burgueses y de paisanos de los cuales muchos
estaban marcados en la frente con una cruz roja. (AA.III.113)
Vi la iglesia de San
Pedro: estaba desnuda, con excepción del coro y del altar mayor.
Después vinieron de todas partes del mundo sacerdotes y laicos
que rehicieron los muros de piedra. (AA.III.118)
Mientras se acercaban,
cautivos y oprimidos fueron liberados y se unieron a ellos. (AA.III.114)
Todos los demoledores
y los conjurados fueron expulsados de todas partes y fueron, sin
saber como, reunidos en una única masa confusa y cubierta de una
bruma. Ellos no sabía ni lo que habían hecho, ni lo que debían
hacer, y corrían, dándose cabezazos unos contra otros. Cuando
fueron todos reunidos en una sola masa, los vi abandonar su trabajo
de demolición de la iglesia y perderse en los diversos grupos.
(AA.III.114)
Entonces vi rehacer
la Iglesia muy rápidamente y con más magnificencia que nunca:
porque las personas de todas las cohortes se hacían pasar las
piedras de un extremo del mundo al otro. Cuando los grupos más
alejados se acercaban, el que estaba más cerca del centro se retiraba
tras los otros. Era como si ellos representasen diversos trabajos
de la oración y el grupo de soldados las obras de la guerra. Vi
en este a amigos y enemigos pertenecientes a todas las naciones.
Eran simplemente gentes de guerra como los nuestros (como los
soldados de su tiempo) y vestidos igual (con uniformes).
El círculo que formaban
no estaba cerrado, pero había hacia el norte un gran intervalo
vacío y sombrío: era como un agujero, como un precipicio. Tuve
el sentimiento de que había allí una tierra cubierta de tinieblas.
(AA.III.114)
Vi también a una parte
de este grupo permanecer atrás: no querían ir hacia delante y
todos tenían un aspecto sombrío y permanecían juntos unos contra
otros. En todos estos grupos, vi muchas personas que debían sufrir
el martirio por Jesús: había todavía ahí muchos malvados y otra
separación tendría que suceder más adelante...
Sin embargo vi a la
iglesia completamente restaurada; por encima de ella, sobre una
montaña, el Cordero de Dios rodeado de un grupo de vírgenes con
palmas en las manos, y también los cinco círculos formados por
las cohortes celestiales correspondientes a aquellos de aquí abajo
que pertenecen a la tierra. (AA.III.113-115)
LA GUERRA ESPIRITUAL
Vi grandes tropas
viviendo de varios países dirigirse hacia un punto y combates
que se libraban por todas partes. Vi en medio de ellos una gran
mancha negra, como un enorme agujero; aquellos que combatían alrededor
eran cada vez menos numerosos, como si muchos cayeran sin que
se dieran cuenta.
Durante ese tiempo,
vi todavía en medio de los desastres a los doce hombres (los apóstoles
de los últimos tiempos) de los que ya he hablado, dispersados
en diversos lugares sin saber nada los unos de los otros, recibir
rayos del agua viva (que mana de la Montaña de los Profetas).
Vi que todos hacían el mismo trabajo en diversos lados; que ellos
no sabían de donde se les había pedido hacerlo y que cuando una
cosa se había hecho, otra se les daba para hacer. Eran siempre
doce de los cuales ninguno tenía más de cuarenta años... vi que
todos recibían de Dios lo que se había perdido y que operaban
el bien por todos lados; eran todos católicos. Vi también, en
los tenebrosos destructores, falsos profetas y gentes que trabajaban
contra los escritos de los doce nuevos apóstoles.
Como las fuerzas de
los que combatían alrededor del abismo tenebroso se iban debilitando
cada vez más, y como durante el combate toda una ciudad había
desaparecido, los doce hombres apostólicos ganaban sin cesar un
gran número de adherentes, y de la otra ciudad (Roma) partía como
un cono luminoso que entraba en el círculo sombrío. (AA.III.159)
LAS DOS CIUDADES
Vi en dos esferas
opuestas, al imperio de Satán y al imperio del Salvador. Vi la
ciudad de Satán y una mujer, la prostituta de Babilonia, con sus
profetas y sus profetisas, sus taumaturgos y sus apóstoles. Ahí
todo era rico, brillante, magnifico, comparado con el imperio
del Salvador. Vi allí a reyes, emperadores, sacerdotes magníficamente
vestidos y subidos en carrozas; Satán tenía un trono magnífico.
El mismo tiempo vi
el imperio del Salvador, pobre y a penas visible sobre la tierra,
sumergido en el luto y la desolación. La Iglesia me fue presentada
a la vez bajo los rasgos de la Virgen y bajo los del Salvador
en la cruz, cuyo costado entreabierto parecía indicar al pecador
el asilo de la gracia. (BB.IV.168)
EL PAPA FUTURO
Le vi a la vez suave
y severo. Sabía atraerse a los buenos sacerdotes y rechazar lejos
de él a los malos. Vi todo renovarse y una iglesia que se elevaba
hasta el cielo. (AA.III.103)
Vi un nuevo Papa muy
firme (AA.III.161)
Hubo en la iglesia
espiritual una fiesta de acción de gracias; había allí una gloria
espléndida, un trono magníficamente adornado. San Pablo, San Agustín
y otros santos convertidos figuraban allí de una manera muy especial.
Era una fiesta en la que la Iglesia triunfante daba gracias a
Dios de una gran gracia que no debe llegar a su madurez más que
en el futuro. Era algo como una consagración futura. Esto tenía
relación con el cambio moral operado en un hombre de condición
esbelta y bastante joven, el cual debe un día llegar a ser Papa.
He visto también en
esta visión muchos cristianos entrar en la Iglesia. Entraban a
través de los muros de la iglesia. (AA.III.177)
Vi que este Papa debe
ser severo y que él alejará de si a todos los obispos tibios y
fríos. Pero mucho tiempo debe todavía pasar hasta que esto ocurra.(AA.III.177)
Vi a este futuro Papa
en la iglesia rodeado de otros hombres piadosos: estaba relacionado
con ese viejo sacerdote que vi morir en Roma, hace algunos días.
El joven estaba ya
en las ordenes y parecía que recibiera hoy (27 de enero de 1822)
una dignidad. No es Romano, sino Italiano, de un lugar que no
está muy alejado de Roma, y pertenece, creo, a una piadosa familia
principesca. (Se trataba del futuro Papa Pío IX) (AA.III.178)
LA VUELTA A LA
UNIDAD CRISTIANA
El Papa no estaba
en la Iglesia. Estaba oculto. (AA.II.493)
Creo que aquellos
que estaban en la iglesia no sabían donde estaba. No se si él
rezaba o estaba muerto. Pero vi que todos los asistentes, sacerdotes
y laicos, debían poner la mano sobre un cierto pasaje del libro
de los Evangelios y que sobre muchos de ellos descendía, como
un signo particular, una luz que era transmitida por los santos
apóstoles y los santos obispos. Vi también que varios de ellos
no hacían esto más que por la forma. (AA.II.493)
Vi muchos antiguos
dignatarios eclesiásticos que, habiéndose puesto al servicio de
los malos obispos, habían dejado en el olvido los intereses de
la Iglesia, arrastrarse en muletas, como cojos y paralíticos;
fueron llevados por dos conductores y recibieron su perdón. (AA.II.492)
Fuera, alrededor de
la iglesia, vi llegar muchos judíos que querían entrar, pero que
no lo podían hacer todavía. (AA.II.493)
Al final, aquellos
que no habían entrado al comienzo llegaron, formando una multitud
innumerable: pero vi entonces el libro cerrarse de golpe, como
bajo el impulso de un poder sobrenatural.
Al fondo en lontananza,
vi un sangriento y terrible combate y vi especialmente una inmensa
batalla del lado norte y por el poniente.
Fue una gran visión
muy impactante. Siento mucho haber olvidado el lugar del libro
sobre el cual se debía poner el dedo. (AA.II.493)
Conocí, por una visión,
que hacia el fin del mundo, una batalla será librada contra el
Anticristo, en la planicie de Mageddo. (EE.I.234)
EL TIEMPO DE
PAZ
Ese día Ana Catalina
tuvo una larga conversación con dos de sus visitantes celestes,
san Francisco de Sales y San Francisco de Chantal:
Ellos decían que la
época actual era muy triste, pero que tras muchas tribulaciones,
vendría un tiempo de paz en el que la religión retomaría su imperio
y en el que habría entre los hombres mucha cordialidad y caridad,
y que entonces muchos conventos reflorecerían en el verdadero
sentido de la palabra. Vi también una imagen de este tiempo lejano
que no puedo describir, pero vi sobre toda la tierra retirarse
la noche y el amor extender una nueva vida. Tuve en esta ocasión
visiones de toda especie sobre el renacimiento de las ordenes
religiosas. (AA.II.440)
El tiempo del Anticristo,
no está tan próximo como algunos piensan. Habrá todavía precursores.
He visto en dos ciudades a doctores, de la escuela de los cuales
podrían salir estos precursores. (AA.II.441)
La Pasión
de Cristo
Los textos sobre
la pasión de Jesús escritos por Anna Katharina Emmerich
son el centro de una polémica no menor a la película que inspiraron.
La cuestión es cuáles son sus alcances desde el punto de
vista doctrinal, es decir, si pueden considerarse una fuente “oficial”
de los hechos narrados en los Evangelios.
En efecto, nos encontramos
ante fenómenos sobrenaturales que son difíciles de explicar: si
ella tuvo una revelación particular o no, hasta qué punto el fervor
religioso de otras personas tergiversó los textos y el límite
de los escritos en la doctrina católica.
Veamos pausadamente
cada cuestión. Una vida de penitencia y oración Es indudable la
autenticidad de la vida cristiana de esta religiosa agustina.
Nacida en la región de Westfalia, Emmerich sintió la vocación
religiosa desde los 16 años. Sin embargo, sus padres se opusieron
y no fue sin hasta más de una década después (en 1802) que ingresó
al convento de las agustinas de Agnetenberg.
A los 38 años se vio
obligada a salir del convento pues fue expropiado por el gobierno
de la municipalidad. A partir de entonces, dedicó su tiempo al
servicio de una casa parroquial en la ciudad de Amiens. Una enfermedad
contraída durante el noviciado la postra en cama a finales de
marzo de 1813. Desde esa fecha, permaneció en su lecho, soportando
su enfermedad y participando de los dolores de la pasión de Nuestro
Señor y, según algunos historiadores, sin más alimento que la
Comunión. En 1824 murió consumada por las enfermedades y las penitencias.
Fue declarada venerable a finales del siglo XIX y en 1972, luego
de casi cien años, su proceso de beatificación se reanudó. En
el año 2001 se declaró la heroicidad
de sus virtudes.
La valoración de los
textos Sobre las revelaciones particulares de Emmerich se manejan
muchas versiones. Algunos afirman que desde los 4 años tuvo frecuentes
visiones de la historia
de la salvación. Lo que alcanza a percibirse con más claridad
es que en sus últimos años de vida experimentó la pasión de Jesucristo
de manera sobrenatural y trató de describir, en su dialecto de
Westfalia, esas visiones que ella misma encontraba indecibles.
El hecho de que ella no hablara alemán complica la valoración
de los escritos pues, al no saber leer, ella no pudo corroborar
el trabajo final, redactado y editado por el escritor Clemens
Brentano, a quien Anna Katherina dictó sus revelaciones de 1818
a 1824.
A la muerte de Emmerich,
Brentano ordenó el material depositado en sus diarios. Preparó
un índice de las visiones y la edición de “La dolorosa pasión
de Nuestro Señor Jesucristo”. La versión más documentada sobre
la experiencia sobrenatural de la religiosa alemana sostiene que
los fenómenos místicos comenzaron en 1799, cuando tenía 25 años
de edad. Pero no es sino hasta 1812 cuando los estigmas empiezan
a manifestarse con mayor claridad. Las pruebas de médicos y teólogos
al respecto alejan toda duda sobre la autenticidad del hecho.
Sin embargo, la personalidad
de Anna Katherina, propensa a la neurosis, juega un papel importante
en la valoración de los textos. El padre Alois Pager, por ejemplo,
afirma que “lo natural y lo sobrenatural andan entremezclados”.
Otros estudiosos ha
descubierto una serie de fuentes utilizadas por Brentano para
la edición final de los textos: elementos de los evangelios apócrifos,
escritos judeocristianos, comentarios, etcétera. Todo parece indicar
que la versión de la vidente fue amplificada con rasgos de estilo
personal del traductor, junto con otros detalles propios de las
fuentes a las que recurrió Brentano. Esto no significa, por supuesto,
que los textos vayan contra las enseñanzas de la Iglesia, sean
blasfemos, heréticos o no inviten a la piedad. Lo importante es
no sobredimensionarlos y verlos en su justa proporción. En efecto,
se trata de un relato muy vívido, descriptivo e inquietante, que
sirve para llevar a la oración el momento del sacrificio de Nuestro
Señor.
Pero como se ha señalado,
también es un texto cuyo análisis histórico no permite que sea
calificado como parte del Magisterio de la Iglesia ni que sustituya
a la revelación pública contenida en las Escrituras. Se trata
de una narración piadosa que puede servir a muchos para entender
el peso de nuestros pecados y la grandeza del sacrificio que hizo
Jesús por nosotros.
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